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Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.

lunes, 19 de junio de 2017

Soy un niño.

Soy un niño con miedo.

Soy un niño con miedo a que no le quieran.

Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.

A veces quisiera arrinconar a las palabras en una esquina y liarme a patadas con ellas, reventarlas hasta que empezara a brotar lo que de verdad significan para mí y coger eso que es negro y que brilla como una galaxia entre las palmas de las manos y ofrecértelo y que tú lo quisieras y te pintaras el cuerpo mientras flotas en alguna orilla.

A veces quisiera rendirme en medio de todo.

Quitarme los cascos y la ropa y las obligaciones en plena rutina y desmayarme para ver quién se para y se apiada y me recoge y me lleva y me cuida y le prende fuego a todo lo que tengo para empezar de nuevo y me besa lo que yo nunca me besaría porque no llego o porque lo odio o porque no recuerdo que lo tenía.

Ojalá fueras tú.

Porque no tendrías que hacer nada más que contarme el mundo desde tus ojos mientras yo, a tu lado, tejo para reconstruir mi cordón umbilical.

A veces quisiera sumergirme en la nada.

Apoyar mi cabeza donde antes tu madre cepillaba tu pelo y en silencio imaginar la oscuridad de tus pensamientos y con telequinesia perrear con ellos para que sepan que también son bonitos y alegres aunque nos hieran, que me gustan porque son tú, y yo quiero acompañarte en todo aquello que nunca te has dejado ser.

A veces quisiera no entender nada.

Olvidar mi idioma y no poder comunicarme sino tocando cosas.

Toco el hueco que hace un animal en la alambrada para huir.

Toco el principio de un libro sobre amigos que no conoces.

Toco el fondo de mi garganta atrapado en años.

Toco un bulto en mi cuerpo que no sé si me matará.

Te toco todo.

Y tú.

Alumbrando esta cicatriz en el mundo que es mi espina dorsal.

Soy un niño con miedo a que no le quieran por lo que es.

Soy un niño con miedo a que no le quieran.

Soy un niño con miedo.

Soy un niño.

-Roy Galán

viernes, 9 de junio de 2017

Víspera de quedarse

Todo está preparado: la maleta,
las camisas, los mapas, la fatua esperanza.

Me estoy quitando el polvo de los párpados.
Me he puesto en la solapa
la rosa de los vientos.

Todo está a punto: el mar, el aire, el atlas.

Sólo me falta el cuándo,
el adónde, un cuaderno de bitácora,
cartas de marear, vientos propicios,
valor y alguien que sepa
quererme como no me quiero yo.

El barco que no existe, la mirada,
los peligros, las manos del asombro,
el hilo umbilical del horizonte
que subraya estos versos suspensivos…

Todo está preparado: en serio, en vano.

Juan Vicente Piqueras

jueves, 1 de junio de 2017

Ya han empezado,
lo esperaba,
lo dijo la prensa...

Ya han empezado,
la excavadora estaba allí,
operarios y humo...

Cada día mi vista recorría
su fachada,
su cartel...
dos veces por jornada...
era inevitable acordarme de ti,
de papeles de colores
y de ojos azules...
tirando a gris.

Ya han empezado,
es otra despedida...
pero de eso nada dijo la prensa.

Y quedará muy bonito,
habrá un jardín en su lugar,
dicen...

Nadie entenderá mi egoísmo
al querer que perdurara
ese edificio ruinoso
que me daba los buenos días
antes que nadie,
que me decía que descansara
a la vuelta....

Ya han empezado,
es otra despedida...
Nunca la definitiva.



lunes, 15 de mayo de 2017

Hoy...
parece que sigas vivo.

Con su mayoria,
aunque ya no absoluta,
a golpes de medidas,
de reformas que nos llevan a otros tiempos.

Hoy...
sigues vivo en la reserva,
en ese silencio ejecutor
que quiere olvidar y callar
a las cunetas.
En esta falta de libertad,
en los castigos por no callar,
en algunos indultos
y en algunas carreras truncadas.

Hoy...
sigues vivo
en muchos vástagos de la estupidez
que te veneran en silencio
y a escondidas.
Y en los que siguen llamando
a aquella plaza
La plaza del caudillo.

Y no,
no es que celebre tu muerte,
ahora que parece que sigas entre los vivos...
sólo es que a veces fantaseo
con la idea...
de que nunca hubieras nacido...
Y de que yo hubiera conocido a mi abuelo.

Hay heridas que no se cierran en silencio.

lunes, 10 de abril de 2017

Un día,
cansada de ser huérfana de patria y escribir cartas sin remitente,
discutirás acaloradamente con la vida.
Le preguntarás porqué se empeña en cambiar tus planes.
Amenazarás con abandonar este país de cenizas,
con dejar atrás un pasado de grietas en el techo,
de lluvia contenida,
de ideas estériles para soluciones asépticas.

Pensarás en arrancarte las balas del desencanto.
Cambiarte de piel en las gasolineras.
Huirás a un lugar cuyo nombre
encontrarás en un poema,
con aliento de mar salpicando tus retinas.
Y mientras recorras la orilla desdichada de la noche,
la luna,
testigo de suicidas,
guiará tu viaje.

Y cuando al fin creas haber conseguido trazar
con el bolígrafo destintado que siempre llevas a mano
algo parecido a un plan:
esa especie de idea promiscua de libertad que llevas dentro,
esos ideales que él nunca entendió,
estarás amarrada a una especie de hipoteca,
y serás aspirante a mileurista,
y cambiarás de piso por deshacerte de la grieta;
cuando al bolígrafo se le acabe la tinta
y lo cambies por un lapicero para poder borrar.
Y dejarás de soñar en la ventana del salón de tus padres,
cuando te quedes sola...
y su casa sea para ti.

(Hace tiempo que decidí que no será mi morada)