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Por diseñar castillos sin almenas perdí, otra vez, las llaves de mi casa.

domingo, 15 de enero de 2017

Y cómo explicar(te)...
los silencios que se clavan mis ventanas,
la ausencia que se instala en mis paredes,
los filos cortantes que agrietan mi tejado.

Cómo mostrar(te)
las capas de piel que abrigan el invierno de mis ojos,
el suicidio de los días,
la desesperanza de las noches.

Asalté las rebajas en busca de un corazón de repuesto,
a precio de saldo.
Y lo encontré.
Está averiado,
una mueca más para el engaño,
un engaño más que se suma a la cuenta de los hipotecados.

Hace tiempo que lo sé;
en la vida hay que estar de alquiler o de regalo,
sin contrato de permanencia.

Y una vez soñé ser árbol,
un árbol sin raíces,
sólo hojas caducas,
en caída perpetua.
Y en su caída quedé desnuda,
de ese tipo de desnudez que es el arte de mostrar la decadencia en su momento álgido;
es... como llevar mar adentro toda la arena muerta
y escupirla o vomitarla,
es hurgar en los excrementos fosilizados...
o pisar las hojas propias caídas,
antes de que otros pies que no sean los mios las deshagan.

Y tengo miedo, sí.
Tengo miedo al depredador que me habita,
tengo miedo de temerme.

Y a veces me despierto llorando la masa que hice de arena, agua , excrementos y hojas...
y las lágrimas tienen ya un sabor putrefacto...

Otras veces...
me disuelvo.

sábado, 7 de enero de 2017

Volver a escribir...
Y hacerlo como si la vida se te escapará por los dedos,
como si existieran formas de salvarse que no salieran de unos labios.

Escribir...
Cuando amenaza tormenta y no hay más que nubes a tu alrededor,
como si fuera necesario que tu lluvia descargase sobre todos los tejados de la ciudad.

Escribir...
Hasta que te tiemblen las manos,
hasta que no quede punta que sacarle al lápiz,
hasta que la hoja blanca se torne gris.

Escribir...
Para silenciar el ruido atronador de tus pájaros escondidos,
para gritar en silencio bajo la grieta perpetúa.

Escribir...
para acariciar la derrota antes de darle muerte,
para mirar a los ojos al fracaso y escupir sobre su tumba.

Escribir...
hasta que suene la canción que nadie ha compuesto
y para que las que compusieron sean la banda sonora de tus pasos.

Escribir...
para que la primavera te altere la sangre,
para que el verano no derrita tu esencia,
para que el otoño no sea perenne,
para que el invierno no te hiele por dentro.
Para ver sola a Rohmer...

Escribir...
para reírse del miedo,
para abrir el paracaídas antes del salto.
Para saltar.

Escribir...
para descubrir quien fuiste,
para saber quien eres,
para creer en quien serás.

Escribir...
para librarte de lo que pesa,
para no cargar más de lo necesario,
para soltar lastre y echar a volar.
(O saltar)

Escribir...
Que nunca es tarde...







jueves, 15 de diciembre de 2016

El nombre que un día quieras darme

Yo habré de ser el nombre que un día quieras darme,
el valor que merezcan mis poemas,
esta substancia oscura girando en tus pupilas 
hasta que tú decidas cancelarla.

¿En qué secreta noche y con qué DESAMPARO
alucinado o triste me habrás de interrogar?

Sólo puedo ofrecerte un manojo de dudas,
leves presentimientos, mas sí acompañarte,
llevarte a los umbrales de tus sueños
para que en ellos puedas reescribir
fragmentos de tu vida y sea yo el lector,
con mi misma palabra, quien te escuche. 



Justo Jorge Padrón tr. Louis Bourne

(Esto fue mentira)

martes, 18 de octubre de 2016

Cada mañana abro la puerta
antes de estar barridas las calles,
antes de ser arrojados a la basura
los deshechos...
Y salgo dispuesta,
con los bolsillos llenos de voluntad.
Pero hay mañanas
que me cruzo con esos que padecen
el síndrome de Diógenes
recogiendo la inmundicia ajena.
Me bastará con saberme diferente,
no rara.
Raro es encontrarse derrochadores
de alegría,
sembradores de paz.
Y ahora que le crecen arrugas a los derechos
que los deberes son sólo para unos pocos...
Ahora que todo huele a podrido
y tú te has ido para siempre...
Ahora que inamovibles
nos adherimos a la cómoda butaca...
Ahora.
Hay que volver a barrer.